NUEVE PELÍCULAS PARA DEBUTAR EN EL CINE FRANCÉS

Por: Mariano Vásquez Baldassari / Artículo

El cine francés siempre me dio la impresión de ser tan mítico como complicado. Vaya uno a saber cómo se instalan en nuestras cabezas los estereotipos, quizás por la dictadura de cine comercial, que desde que tengo memoria se ha ido reduciendo a una serie de blockbusters salpicada de uno que otro buen filme, una excepción que casi siempre ha obedecido al éxito que precede a estas películas  “independientes” o “no comerciales”. En estos tiempos del Internet y del Stream, de los torrents y los subtítulos para descargar he creído que hacer una breve reseña de las películas francesas accesibles a todo público no es un ejercicio inútil. Todo lo demás caerá por su propio peso, o más bien por el interés de los espectadores en seguir buscando títulos y directores.

Sin ánimos de inventarme los orígenes de la diferencia entre la visión francesa y anglosajona del cine, he aquí un caso en el que dos ideas aparentemente iguales pueden ser expresadas de maneras diametralmente opuestas. Decía en 1949 el escritor estadounidense Joseph Campbell que todas las historias de la humanidad son la misma historia. Él llamó “El viaje del héroe” –o “monomito”- a esa línea argumental que distinguía tres etapas, repetidas en todas las historias de todas las culturas. Según Campbell, el origen de toda historia es la Separación, el momento en el que el héroe abandona su realidad habitual. Esta le cede lugar a la Iniciación, la situación en la cual el héroe o heroína se enfrenta al evento crucial que marcará su futuro, lo que lo llevará finalmente al Retorno, el regreso del héroe transformado por la experiencia.

Su contemporáneo, el escritor francés Raymond Queneau -quién sabe si en conocimiento o no de la teoría de Campbell, pero claramente influenciado por El arte de la fuga, de Bach, una obra construida a partir de las variaciones sobre un solo tema- escribió también en 1949 “Ejercicios de estilo”, un libro en el que una misma historia -aquella de alguien que va a la estación para tomar un autobús- se narra de 99 formas distintas. Un cambio de enfoque para una misma historia que le da una dimensión completamente nueva. O 99 dimensiones, en este caso.

La lista

Primero, recomiendo no empezar el tour de force de cine francés por el gran François Truffaut. Es posible, no lo niego, comenzar por Truffaut. Pero si es el caso, ruego sobre todo no empezar por “La chambre verte” (“La habitación verde”, 1970). Si bien la historia de un periodista viudo que ha reunido todos los recuerdos que le quedan de su esposa muerta en una siniestra habitación verde puede resultar tentadora, a mí me alejó de los dramas, en particular, y de las películas francesas, en general, por años. Y si debe ser “una de Truffaut”, pues que sea, pero más bien “Farenheit 451” (1966) o “La nuit Americaine” (“La Noche Americana”, 1973).

Recuerdan a Queneau? Diez años después de “Ejercicios de Estilo”, el escritor publicó “Zazie dans le metro” (“Zazie en el metro”, en 1959), obra llevada al cine un año más tarde por Luis Malle. Zazie tiene nueve años y medio y quiere conocer el metro de París. Y no quiere solo verlo, quiere subirse en él, recorrer las entrañas de la Ciudad Luz, a la que acaba de llegar. El metro es un misterioso personaje que no se deja atrapar, y una huelga de transportes ha paralizado el transporte público. Zazie está molesta, por lo que decidirá ir en busca del metro por su cuenta.

Le diner de Cons” (“La cena de los idiotas”, Francis Veber, 1998). Una comedia que es tanto una hilarante sucesión de diálogos como una profunda crítica al estilo de vida burgués y la subvaloración de los seres humanos por su condición social. Es la historia de Pierre Brochant, un hombre acomodado que celebra con sus amigos cada cierto tiempo una cena en la que cada uno tiene por tarea invitar a un idiota. El ganador será, claro está, quien invita al más tonto. Pero la aparición del modelista en palillos de fósforo François Pignon –un estupendo Jacques Villeret- en su vida romperá todos sus estándares.

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C’est arrivé près de chez vous” (1992) es una comedia negra belga filmada a la manera de un documental, en el que un equipo de periodistas registra minuciosamente la vida de Ben, un cruel asesino con una filosofía de vida muy particular sobre sus acciones. Y los periodistas empezarán a transgredir con naturalidad la delgada línea que existe entre ser un mero espectador y participar activamente de los crímenes.

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Le père Noël est une ordure” (“Papá Noel es una escoria”, Jean-Marie Poiré, 1982) es una pieza de teatro llevada al cine por el grupo de teatro Splendid. El 24 de diciembre el consumismo de París, con las famosas Galerías Lafayette como telón de fondo, está en efervescencia. En una calle adyacente trabaja Félix, un Papá Noel de temporada que distribuye publicidad para bares de Striptease. De otro lado, en las oficinas de la línea de ayuda para suicidas y deprimidos SOS Détresse amitié, las “voces amigas” Thèrese y Pierre esperan pasar la nochebuena tranquilamente, sin sospechar que terminarán recibiendo en sus oficinas a Katia, un travesti decepcionado de la vida; M. Preskovitc, el vecino que les ofrece los peores platos típicos de su país; y sobre todo Félix, entre otros.

Le trou” (“El hueco”, Jacques Becker, 1960), es otra de esas piezas magníficas hechas en breves escenarios, en los que la claustrofobia es un personaje principal. Claude Gaspard (interpretado por Marc Michel) ha sido encontrado culpable de la tentativa de asesinato de su mujer, y es confinado a la prisión de La Santé. Sus compañeros de celda poco a poco irán aceptándolo y le confiarán, además de sus historias y los pocos privilegios que guardan en el encierro, que tienen un plan para escapar. Por cierto, en su época fue catalogada como una obra maestra por Truffaut.

Les intouchables” (“Los intocables”, Olivier Nakache y Éric Toledano). Un hombre que acaba de salir de prisión y un millonario tetrapléjico cruzan sus caminos y, pese a sus obvias diferencias de origen y educación, poco a poco van descubriendo que se necesitan uno al otro, una simbiosis que pese a lo difícil de la realidad que viven les permite tomarse las cosas con humor. Y uno muy bueno, por cierto.

Una última recomendación, pero no por ello la menos importante. “La Haine” (“El odio”, 1995) “, de Mathieu Kassovitz, es la historia de tres jóvenes de distintas etnias y religiones: Said, el musulmán que quiere ocultar su pobre educación actuando como un gánster; Vinz, un judío que no se puede adaptar a la sociedad y las reglas; y Hubert, negro-boxeador-traficante que se desvive por su familia. Tras el asesinato de su amigo Abdel-Aziz Shokair por parte de la policía -un hecho ocurrido en la vida real que generó una explosión de violencia contra la autoridad desde el suburbio parisino de Mugets, a principios de los años 90- quizás una posibilidad de escapar a la violencia que los encierra se abre para ellos. O quizás no.

Así pues, la cena está servida.

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