Chicles

Ilustración: Diego Maguiña

Por: Pierre Castro Sandoval / Cuento

Entré al baño y la encontré quitándose las pantimedias. Su pierna derecha hacía un arco contra el lavatorio. Me miró y siguió con lo suyo como si mi presencia no la molestara en absoluto. Nunca me gustó que me viera así, como alguien inofensivo. Habíamos tomado bastante, y la verdad es que en ese momento ninguno lo vio de forma maliciosa, total, solo se estaba quitando las pantimedias, ¿verdad? Y bueno aunque yo nunca, y se los juro, nunca me hubiera atrevido siquiera a mirarla con malicia, me molestó que ella lo supiera, no sé por qué, vamos, supongo que porque soy un chico ¿no?, y debió darle vergüenza, es decir, no soy cura ni gay, pero ella me sonrió y siguió quitándose las pantimedias tan tranquila. Después las metió en una de las gavetas de mi baño, me dio un beso en la mejilla y salió a la sala a seguir bailando. Lo del beso fue el colmo, es decir si Carlos o André hubieran entrado los hubiera sacado del baño a zapatazos, pero entro yo y ahí seguimos todos tan contentos. Y Mada tiene unas piernas que lo dejan a uno con la sensación de querer bailar lambada y de masticar un bubbaloo, pero ella me mira y se sonríe y sigue con lo de las pantimedias, que de arranque se me quitó la borrachera. Yo sé que Carlos o André se hubieran mandado con alguna de sus brutalidades, sí, ya los puedo ver con la boca estirada sorbiendo saliva con un ruido estruendoso y la mirada clavada en la lambada. De repente hasta ella hubiera preferido que yo le dijera algo a que me quedara ahí callado, pero terminó con lo de las pantimedias y se largó a seguir bailando, y ni siquiera me dice vamos a bailar ni nada, me da un beso en la mejilla como si yo fuera la abuelita, que me dejó sin borrachera y sin lambada. Francamente, le digo a Jorge, no se puede, acompáñame a comprar un bubbaloo. Y él preguntando que por qué quería bubbaloo, que él tenía Chiclets Adams, y es que me lo llevé como a cinco cuadras de la casa a buscar el bubbaloo porque no encontrábamos y no podía quedarme con los Chiclets Adams porque eso era como ver a la profesora de historia quitándose las pantis. En cambio Mada era como un bubbaloo, porque el bubbaloo es así tan, no sé, provoca morderlo, y no es que me provoque morder a Mada, bueno en realidad sí, pero la cosa es que al fin encontramos bubbaloo y me compré la caja completa que traía cincuenta y Jorge, que ya de paso me tenía aburrido con sus Chiclets Adams se quedó cojudo cuando me vio salir de la tienda con la caja de bubbaloos y tuve que explicarle todo este rollo de que los bubbaloos me hacían recordar a Mada y la verdad yo creo que no me entendió un carajo porque siguió comiéndose sus Chiclets Adams y yo me lo imaginaba sentado sobre su cama viendo cómo la profesora de historia se quitaba las pantis y francamente me daba una cosa que me metía los bubbaloos de tres en tres a la boca.

Regresamos a la casa y nos quedamos sentados en el jardín de afuera. ¿Te acuerdas Jorge de esa vez que me dijiste que Gabriel le había contado a Mada que yo me moría por ella? ¿Te acuerdas? Jorge me miró y se empezó a cagar de risa. Sí, me acuerdo, dijo. ¿Y por qué te ríes?, le dije, porque ¿de qué se reía?, es la fiesta de graduación en mi casa y Mada que viene y se quita las pantis y me hace caminar cinco cuadras por unos bubbaloos y le pregunto a Jorge que si se acuerda de eso y se caga de risa. ¿Tú estabas allí cuando él le contó no?, le pregunté así como haciéndome el desinteresado. Sí, dijo, yo estaba allí. ¿Quieres saber que respondió Mada cuando le contamos? ¡Claro que quería saber, animal! En primer lugar, ¿quién les dio derecho de declararse por mí? Y encima, ¿cómo demonios se lo habrían dicho? Ya me los imagino. Mada, ¿quién te gusta? Básico, seguro que eso le habían preguntado y luego: porque nosotros conocemos alguien a quien le gustas. Y claro que era yo, ¿quién más iba a ser si Gabriel y Jorge eran mis únicos amigos? Por supuesto que quería saber qué les había dicho ella, al menos eso me debían, ¿no? Pero no te molestes, mira, no te ofendas. ¿Sabes cómo nos dijo? Dijo que tenía un perrito de peluche que era igualito a ti. La verdad yo nunca he visto un perrito de peluche que se parezca a ti hermano, pero ella nos dijo así y Gabriel dijo que mejor no le preguntábamos más. ¿Sabes Alex?, hay perritos de peluche que son bien graciosos, mi hermana tenía uno que cuando le jalabas la cola movía la pata, se lo trajo mi mamá de Miami, es bien gracioso, te lo voy a traer algún día para que lo veas hermano, le jalas la cola y vieras como mueve la pata.

Subí las escaleras y entré a la sala. La música estaba alta y habían apagado todas las luces. Aun así pude ver a Mada en el sillón de la esquina. Me acomodé junto a ella y sentí que nada más importaba. Cuando la mujer que te hace comprar una caja de bubbaloos a las tres de la mañana y te compara con su perro de peluche, todo ha terminado. Realmente Mada ¿te recuerdo a tu perro de peluche? Se la solté de frente. Mira Mada, no me importa si tienes un perro de peluche que mueve la pata cuando le jalas la cola pero a mí no me vas a comparar con ningún puto perro, ¿oíste? Así le dije, en serio, y creo que seguí por media hora más hasta que me di cuenta de que estaba dormida. Me quedé mirándola un buen rato, luego, revisé la caja de chicles y vi que solo quedaban tres. Me los metí a la boca, los mastiqué por unos cinco minutos, saqué la masa pegajosa y se la pegué en la cabeza. Luego me fui a dormir y en la madrugada me dieron ganas de tener cola para poder moverla.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.