Rescatar las aguas

Entrevista a Marino Morikawa Sakura

Marino Morikawa Sakura nació en Huaral y su niñez la pasó nadando en las playas del Norte Chico o paseando por los pequeños valles de la cálida costa limeña. Aunque muchos de sus recuerdos de niño tienen que ver también con El Cascajo, un humedal cercano a las playas de Chancay. Allí Marino pescaba con su padre, conectado con la naturaleza, pródiga por aquellos tiempos. Pero pasaron los años y Marino se fue a estudiar a Japón, dejando atrás su infancia bucólica para dar paso a la vida académica y cosmopolita. En Japón estudió tecnologías medioambientales; parecía tener un futuro asegurado en ese país lejano y extraño pero donde hay cabida para el desarrollo tecnológico y científico; sin embargo, todo cambió cuando su padre le comentó que El Cascajo se estaba perdiendo. Aprovechando unas vacaciones, Marino regresó al Perú, a la casa de sus padres, y con ellos se fue a ver en qué condiciones se encontraba el humedal de su niñez. El resto de la historia nos la cuenta el propio Marino Morikawa en esta entrevista.

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia en El Cascajo?

Son innumerables. Por lo menos una vez a la semana íbamos a pescar a la playa El Cascajo, en Chancay, y cuando no picaba el cordel o no teníamos suerte con los peces nos íbamos a nadar al humedal que estaba muy cerca. Un recuerdo de esa época es la historia de cómo surgieron los colores de nuestra bandera. Mi padre decía que don José de San Martín había visto en los humedales a bandadas de flamencos, a los que nosotros llamamos parihuanas, y que gracias a ellos nuestra bandera es roja y blanca; me contaba además sobre su elegante vuelo y la belleza de sus formas, algunas veces los vimos en El Cascajo, una experiencia maravillosa.

¿Cómo decides irte a Japón?

Mientras vivía en el Perú fui asesor y consultor en diversas industrias de alimentos y agroindustrias donde lamentablemente drenaban las aguas residuales, sin tratamiento alguno, al río, a los humedales y al mar. Y lo mismo pasaba con los residuos orgánicos e inorgánicos. Así que tomé la decisión de especializarme en el área ambiental. Postulé a una beca del Ministerio de Educación del Japón y logré que me brindaran la oportunidad de estudiar en la Universidad de Tsukuba.

¿Fue difícil el cambio de vida?

No fue tan difícil. Mi madre es japonesa y parte de mi educación fue al estilo japonés, algo que agradezco mucho. En mi casa siempre se cultivaron valores como el respeto y la humildad. Y lo más importante es que fui con un objetivo claro, quería aprender todo lo que pudiera para ponerlo en práctica en el Perú.

A tu regreso, ¿cómo encontraste el humedal?

Al escuchar la lamentable noticia que me dio mi padre, de que el humedal se estaba perdiendo, me preocupé mucho. Aproveché unas vacaciones para visitar a mi familia y le dije a mi padre: “Viejo, vamos a El Cascajo”. Lo que vi al llegar fue terrible, sentí una enorme tristeza al verlo totalmente contaminado. Pensé: “¿A dónde se fue mi pasado? No es justo que los niños y la juventud que viven cerca no puedan gozar lo que yo gocé en mi infancia”. En ese mismo instante decidí salvarlo. No era posible que yo, que había estudiado tecnologías ambientales, no haga algo por este lugar que me hizo tan feliz. De inmediato, puse manos a la obra.

Según cuentas, al inicio casi nadie te apoyó y entraste al humedal a limpiarlo con tus propias manos, ayudado por unos pocos amigos.

Empecé el proyecto solo. Entraba a la laguna desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la noche. El humedal estaba invadido por plantas acuáticas que habían convertido el lugar casi en un pantano, sin posibilidad de oxigenar las aguas. La vida acuática estaba perdiéndose, entonces decidí quitar las plantas con los recursos que tenía a mano. Mi objetivo era sensibilizar a las personas de los alrededores, convencerlas de que sí se podía recuperar la zona. Al verme trabajando, sumergido en la laguna, empezó a llegar la gente para preguntarme lo que hacía; yo les explicaba lo que trataba de hacer, poco a poco comenzaron a sumarse amigos, y luego llegó el apoyo de los vecinos de la zona, eso fue fabuloso. Cuando logramos sacar las plantas, que cubrían la superficie del agua, replicamos artesanalmente un sistema nanotecnológico de biofiltros en el que había estado trabajando en el Japón, que sirve para atrapar bacterias y contaminantes, fue un largo proceso pero dio grandiosos resultados porque toda la población de los alrededores terminó trabajando en su recuperación. Hasta el día de hoy son ellos los protectores del humedal.

¿Crees que en el Perú faltan iniciativas?

No creo que sea tanto así, en estos últimos tiempos los jóvenes han cambiado mucho, son más conscientes de lo que pasa en nuestro entorno. Conozco muchos que están logrando un gran cambio por medio de la ciencia y la investigación, esos cambios se verán reflejados pronto en la sociedad.

Como científico ambiental, ¿qué crees que debemos cambiar en el Perú?

Más que como científico, puedo dar un consejo como persona. Creo que primero debemos empezar por nuestro hogar. De nada sirve que hagas un proyecto grande cuando en tu casa está todo en desorden, ya sea un desorden material o espiritual. Corrige primero eso y verás que los proyectos que emprendas tendrán muy buenos resultados. No creo que se trate de imitar cosas de otros países, sino que se trata de recuperar nuestros propios valores, por ejemplo, algo tan simple como cumplir con la hora, ser puntual, cosas así de pequeñas cambian a la sociedad.

También das charlas a niños y jóvenes sobre el cuidado del medio ambiente. ¿Qué acciones se pueden realizar para que las próximas generaciones sean más cuidadosas con su entorno?

Lo más importante es empezar por las cosas pequeñas. Empecemos desde casa, respetando a los mayores, ayudemos a nuestros padres en los quehaceres del hogar. Vas a ver que nuestro entorno tendrá grandes cambios con estas pequeñas acciones.

Has emprendido nuevos proyectos de recuperación ambiental y cada vez más ambiciosos ¿Puedes contarnos sobre algunos?

El Reto 15 – Titicaca se inició como un proyecto piloto científico para lograr recuperar las aguas contaminadas de nuestro emblemático lago. Gracias a tecnología desarrollada por nosotros demostramos que en solo 15 días se redujo la carga contaminante entre 50% y 70%. Nuestro punto de trabajo fue la zona más contaminada de la bahía interior de Puno, el área llamada Espinar. Esperamos alcanzar nuestro objetivo.

¿Crees que regresar al Perú para rescatar el humedal de tu infancia fue una buena decisión? ¿Por qué?

Regresé al Perú porque sentí que era mi deber, por amor a mi patria y para demostrar a los jóvenes que no debemos perder las esperanzas ni debemos abandonar nuestros sueños. Todos somos capaces de hacer algo grande por nuestro país.

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