CUANDO ESTABA LOCO

Por: José Prieto Tueros / Columna

Mi mamá siempre me decía que era muy hiperactivo, posiblemente por eso me paraba sacando la mierda cada vez que podía. Pero ese no es el punto, regreso con lo de la hiperactividad, aunque finalmente tampoco es el punto, sin embargo, por algo tenía que empezar. Entonces hasta los cuatro años fui hijo único, solo tenía un primo, pero vivía medio lejos. Así que mi tía Sara, cuatro años mayor que yo, me agarraba de poste cuando quería saltar liga, o me elegía de compañero y adversario de Yas y como el Ken de sus Barbies. Ya más tarde o cuando no le apetecía jugar conmigo, yo agarraba un pedazo de manguera y me la ponía de cola, y un palo de escoba hacía de báculo sagrado y ya era Gokú.

Hasta ahí todo bien. Eso puede ser normal en los niños. Pero luego ya no. Yo ya estaba grande y seguía jugando solo, peleando y peleando. Ya no era Dragon Ball, sino la WWE y ya no eran peleas al azar, eran pactadas. Mi método había evolucionado: en un cuaderno hice una lista de luchadores a los que yo debía interpretar, armaba un cuadro de campeonatos, tramaba las historias, los porqués de los feudos entre luchadores y comenzaba a pelear solito, yo era los dos, y por más tonto que parezca, me caía golpe a mí mismo, puñetes de verdad que a veces se me escapaban. A veces saltaba mal o hacía algún mal movimiento contra mí mismo y el dolor era tan fuerte que aprovechaba para armar una historia alrededor de una lesión. Y cuando me interrumpían para mandarme a la tienda o al mercado o a casa de mi abuelo, me iba peleando solito todo el camino, peleando contra mí mismo y la gente me miraba cojuda y yo los miraba también, disimulando el dolor de brazo con diversas excusas, una más tonta que otra.

En mi casa comenzaron a verme raro cuando tuve 16 años y seguía con lo mismo, me encontraron además dos cuadernos llenos de guiones de peleas. Una tarde apenas llegué del colegio mi mamá me agarró y me llevó al sicólogo. Pensaba que yo estaba mal de la cabeza. Yo había estado dudando también, pero se me esfumaba la duda cada que recordaba lo que alguna vez había escuchado: los locos nunca admiten que lo son. Admitirlo o siquiera pensar en la posibilidad me exoneraba automáticamente de la lista en la que están Mo, Larry y Curly, que más bien estaban idiotas. Loco el Loco Murdock. La sicóloga dijo que tenía ansiedad, ira retenida y no sé qué más. Tenía que volver todos los lunes. Claro que no regresé, ni loco que estuviera. Y ni loca que estuviera mi mamá, ¿25 soles semanales? Ni hablar, quédate loco nomás, me dijo. “O mejor tírame un baldazo de agua, así como al chavo del ocho, mami”.

One thought on “CUANDO ESTABA LOCO

  • 26 Mayo, 2018 at 3:40 am
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    Jajaja, alucina que también yo me ponía ese pedazo de manguera, hasta que mi viejo me bajo el hype. Yo me hacía mucho lío con lo de la pelea(peluches,muñecos), porque tenía que cranear sobre su reputación de cada luchador y el punto en el que había uno que era el mejor, rellenar nuevas historias,etc. Todo en mi niñez, le dejé porque me comenzaba a doler la cabeza. Eso sí, con los más grandes peluches, daba buenas luchas contra mí, hasta dejarme completamente transpirado.

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