LA PERSONALIDAD

Entrevista al Psiquiatra Víctor Carreño / Por Leonardo Mori

Conversamos con el psiquiatra Víctor Carreño, quien además de dar clases en la universidad, atender a sus pacientes en el hospital Víctor Larco Herrera y llevar cursos de especialización, es un fervoroso coleccionista de comics e historietas. Actualmente tiene más de 3 mil ejemplares y cientos de personajes en miniaturas que ocupan parte de su consultorio particular.


¿Cuál es la diferencia entre enfermedad mental y trastorno mental?

Una enfermedad es un problema de salud en el cual se ha encontrado el origen y todo el camino fisiopatológico. Por ejemplo, una infección urinaria es una enfermedad, la origina una bacteria que produce daños específicos, dolor, fiebre, etc. En cambio se utiliza el término trastorno cuando tenemos la entidad clínica, la vemos a través de síntomas, pero no hemos identificado el origen, no tenemos claro cómo se producen. En psiquiatría hay problemas de salud que también son llamados trastornos porque no sabemos bien cómo se originan, muchos son multifactoriales. Cuando tengamos la etiología precisa, allí podremos definir realmente una enfermedad, como por ejemplo el Alzheimer que tiene un componente genético muy fuerte, unas lesiones en el cerebro bien identificadas y toda la sintomatología muy bien definida.

¿Y qué son los trastornos de la personalidad?

Cuando hablamos de la personalidad nos referimos a los rasgos específicos de comportamiento y conducta que definen a los individuos, pero cuando esta forma de ser y estos rasgos comienzan a afectar a las personas y a su entorno, se convierten en trastornos.

¿Loa trastornos de personalidad también deben ser tratados por un médico?

Definitivamente. El problema de no identificarlos en su verdadera dimensión da como resultado que los aceptemos como parte de la vida. Y no es que no sean parte de la vida, el tema es que las personas con estos trastornos sufren y sufren mucho.

¿Cuándo se debe acudir a un psiquiatra o a un profesional para tratar estos problemas?

Cuando mi forma de ser me afecta o afecta a mi entorno, cuando mi sufrimiento o mi conducta afecta al resto. Por ejemplo, una persona con una dependencia muy fuerte que prioriza al esposo sobre la seguridad de los hijos, tiene ahí un problema, o una persona con trastorno de personalidad límite (TLP) que no puede trabajar bien porque siente que todos están en su contra, o un paranoide que sea extremadamente querellante. Todos ellos van a generar dificultades en su entorno y es allí cuando uno debe buscar ayuda. El problema es que la mayoría de estas personas son egosintónicas, es decir que se sienten seguras con su forma de ser porque se han adaptado a ella. Generalmente los trastornos de la personalidad son llevados por los familiares y no por los pacientes. Uno de los objetivos del tratamiento es hacer que el paciente sea consciente del problema, es decir, hacerlo egodistónico.

¿En qué edades son más recurrentes estos problemas?

Si bien el DSM-5 y el CIE-10, que son los que definen los trastornos de salud mental y todos los trastornos en general, tipifican estos problemas a partir de los 18 años, por experiencia puedo afirmar que es posible identificar ciertos rasgos desde muy jóvenes. He tratado a chicos de 15 o 16 años con rasgos y sintomatología muy marcados.

¿A partir de esa edad temprana ya se puede llevar un tratamiento médico?

El tratamiento psicoterapéutico y farmacológico puede darse en cualquier momento, no depende tanto de la edad sino del problema que aqueja al paciente.

¿Hay algunos indicios de los orígenes de estos trastornos?

Hay temas genéticos, temas de crianza, de violencia, problemas familiares. El asunto es multifactorial, aunque los temas genéticos y de crianza son los más importantes.

¿Hay trastornos que pueden ser provocados de alguna manera?

Más que provocados, pueden ser evitados. Si sufro de algún trastorno y tengo un hijo, es alta la probabilidad de que tenga el mismo trastorno. Entonces, ¿qué hago? Le enseño desde muy niño a controlar sus impulsos, a tolerar la frustración, a identificar sus emociones y canalizarlas. Nadie quiere entes planos caminando por la calle, pero obviamente para poder manejar nuestras emociones tenemos que identificarlas y aprender a expresarlas.

¿Cree que los padres y la familia aceptan y saben enfrentar estos problemas?

No, no lo aceptan, especialmente cuando en lugar de preguntar a un profesional recurren a Internet y creen que es algo terrible. Hay padres que no quieren que sus hijos tomen pastillas, hay una negación muy grande. Esto es muy triste porque evitan que un paciente reciba ayuda profesional.

Con respecto a los familiares, ¿cuál sería la forma más adecuada de ayudar a una persona con un trastorno?

Una de las herramientas que más ayuda es la terapia familiar, que se utiliza para resolver conflictos, ver las relaciones dentro de la familia y analizar aspectos psicoeducativos. Muchas veces los trastornos surgen por problemas familiares o se agravan cuando no hay un entorno que los ayude. Entonces sí, es muy importante trabajar con la familia y enseñarles que son el soporte para que un paciente pueda superar estos problemas.

¿Es realmente posible modificar el comportamiento de una persona con pastillas?

Las pastillas ayudan, pero no van a solucionar un problema. No voy a volverme un angelito porque tomo mis pastillas, pero sí pueden ayudar a controlar mis emociones, a tener pensamientos más claros, a no sobredimensionar o sobrevalorar las ideas que tengo, a controlar mis impulsos. Definitivamente ayudan, pero no solucionan los problemas como por arte de magia. Personalmente trabajo la medicación con el mismo paciente, en realidad nos ponemos de acuerdo porque hay pastillas muy buenas pero que tienen efectos secundarios que parecerían tontos pero que son importantes para el usuario. Por ejemplo, hay pastillas que te suben de peso y hay pacientes a los que no les agrada esta condición, y eso es algo que hay que respetar. La idea es que cualquier tratamiento debe ayudar a desarrollar una vida lo más normal posible.

¿Es posible tener una vida llevadera con estos tratamientos?

Sí, claro, dependiendo también del trastorno, de su gravedad y del soporte familiar.

¿El Estado tiene políticas para ayudar con el tratamiento de problemas de salud mental?

Ahora se está trabajando mucho en los centros de salud mental comunitarios que son una necesidad y tienen una función muy relevante, son los que van a estar mucho más cerca y van a ayudar directamente a los usuarios y a sus familiares dentro de la comunidad. Estos centros entienden los temas de cultura, de sociedad y de todo lo que implica la salud mental. La salud mental no es un tema sólo de neurotransmisores, es un tema de pensamiento, de ideologías, de doctrinas, de religión, de cultura, de sociedad. Todo eso es muy importante, pero lamentablemente no se orienta a la población en los temas que realmente nos afectan. Por ejemplo, es cierto que la esquizofrenia es un problema de mayor gravedad, pero ¿a cuántas de nuestras familias nos ha tocado la esquizofrenia? En cambio ¿a cuántas nos ha tocado el tema de la violencia y todas sus consecuencias? A quién no le ha tocado vivir la violencia terrorista y sus secuelas que todavía padecemos, o la violencia urbana, la violencia familiar. Si hay algo que nos marca como sociedad es la violencia, y la violencia tiene consecuencias en la personalidad, hay el estrés post traumático, la depresión y muchos otros aspectos que no se ven en su dimensión real.

¿Usted cree que nuestra sociedad está también un poco enferma?

Claro, pero yo creo que si alguien comienza a diagnosticar un trastorno para la sociedad lo único que va a hacer es llenarse de plata exponiendo su gran descubrimiento, cuando en realidad la sociedad está enferma desde hace muchísimo tiempo. Pero está enferma porque las individualidades lo están, porque permitimos ciertas cosas, porque aceptamos otras tantas. Pienso por ejemplo en esos congresistas que ganan una cantidad enorme de dinero, con beneficios extraordinarios, hasta reciben tarjetas de alimentos de miles de soles cuando otros empleados del estado recibimos unos pocos soles por el mismo concepto, díganme si eso no es violencia, díganme si ganar tanta plata y dilapidarla de esa manera no es violencia, si cuando tú sales y te asaltan pero los ladrones salen libres porque no hay leyes estrictas o porque sobornan a las autoridades, dime si eso no es violencia.

La cuestión aquí es cómo lo resuelves. ¿Llevamos a toda nuestra sociedad a sesiones de terapia?, no se puede. Pero si podemos, y debemos, trabajar en las individualidades, y para esto hay la necesidad de hacer planes multisectoriales, la educación es un sector importante en este problema, pero qué podemos hacer si tenemos profesores mal pagados, y a la par tenemos profesores que no quieren ser evaluados. Eso es un absurdo, estamos viviendo en un mundo un tanto absurdo.

¿Hacen falta más psiquiatras?

No necesitamos meter a los psiquiatras en los colegios, para eso están los psicólogos que trabajan en los centros educativos, ellos deben hacer sus planes preventivos, pero allí hay otro problema, la ley dice que todos los colegios deben tener un psicólogo siempre que alcance el presupuesto, así que volvemos a lo mismo, ¿por qué no le quitamos un poco de presupuesto a los políticos que ya tienen tantos beneficios y nos preocupamos más por la salud mental de nuestros escolares?, esa sería una acción muy concreta y con un efecto casi inmediato, queremos que no haya violencia en el entorno de nuestros chicos pero nadie los acompaña. Cambiar esas cosas ayudaría mucho pero ¿quién le pone el cascabel al gato?

Última pregunta, ¿qué lo animó a ser Psiquiatra?

Desde muy joven me ha interesado saber qué sucede en el cerebro cuando están ocurriendo todos estos problemas de los que hemos conversado, mis ganas de ser psiquiatra pasaban sí, por ayudar a la gente, he colaborado en parroquias por muchos años, he sido catequista, en fin, pero la investigación científica es algo que me llama mucho la atención, antes de ser médico, cuando era mucho más joven, pensaba trabajar en un laboratorio e investigar, pero finalmente las ganas de servir me han conducido a este trabajo, he tratado de ser un buen psiquiatra, he tratado de entender a mis pacientes, pero también quiero entender qué pasa en sus cabezas, para eso hice un diplomado en neuropsicología, y ahora estoy en una maestría en neurociencias, porque mi hambre y mi deseo es el saber, y no necesariamente descubrirlo en un laboratorio porque soy consciente de que los recursos en este país son escasos, pero hay un montón de información que yo aún no la entiendo. Entonces trato de satisfacer mi curiosidad científica mientras ayudo a la gente. Eso es lo que hago.


Víctor Raúl Carreño Martínez es médico Psiquiatra de la UNFV. Es diplomado en Terapia Sistémico Familiar con especialidad en Psiquiatría por la UNMSM, diplomado en Terapia Sistémico Familiar por la UIGV, diplomado en Neuropsicología por la UCS, egresado de la Maestría de Administración en Servicios de Salud de la UIGV, egresado de la Segunda Especialidad en estadística e investigación de la UNFV. Actualmente cursa la Maestría de Neurociencias en la UNMSM, trabaja como médico Asistente del HVLH y es profesor contratado en las universidades UNMSM y UMCH.

One thought on “LA PERSONALIDAD

  • 7 Junio, 2018 at 12:10 pm
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    Me parece interesante y real el análisis que hace sobre la Violencia y lo importante que es el trabajo Preventivo. Un artículo que merece la pena ser difundido.

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