INTERRUPTUS

Entrevista a Leonardo Aguirre

Leonardo Aguirre cobró notoriedad como crítico literario haciendo trizas a la intelectualidad limeña, (alguna vez incluso llegó a los golpes con un escritor al que había criticado). Su fama se terminó de consolidar luego de la publicación de “Manual para cazar plumíferos”, que reunía cuentos y relatos desenfadados. De eso ha pasado mucho tiempo y Leonardo es ahora un escritor consolidado que tiene ya seis libros publicados en Perú. “Interruptus”, su más reciente obra, da cuenta de “Jirón Soledad”, un supuesto libro que ha escrito el protagonista y que le es devuelto aderezado por las múltiples correcciones, enmiendas y críticas delirantes que le hace su singular editora: “Esto no es lo que me habías prometido, esperábamos de ti más miserias, más delitos de famosos escritores, ¿y tú qué haces muñecón? me mandas otro libro, ¿por qué serás así?”.


La vez que pactamos esta reunión me dijo que era mejor que le envíe las preguntas por correo (cosa que no he hecho) porque no suele estar contento con las entrevistas que le publican.

Claro porque la conversación es una y la lógica del texto es otra. Pasar de un sistema a otro siempre tiene inconvenientes, produce errores.

¿Lo tergiversan?

A veces el entrevistador rearma las preguntas según lo que he respondido y pone preguntas nuevas que nunca me dijeron, luego mezcla mis opiniones, tres o cuatro respuestas en una y en el peor de los casos hacen un cambalache.

¿Y en el mejor de los casos?

En el mejor de los casos me pasan el texto y yo lo edito (risas).

¿Pero en general le agradan las entrevistas?

Como no soy muy hábil para hablar en público entonces cada entrevista es una chamba.

¿Es como prepararse para una pelea?

No. El gran problema es que la gente espera que uno parezca inteligente en sus respuestas y en realidad ningún escritor tiene la obligación de dar buenas entrevistas. La única obligación que yo tengo es escribir bien. A veces la gente termina acercándose o alejándose de un libro simplemente porque leyó una buena o una mala entrevista, y si estoy de mal humor puedo dar una pésima entrevista y no tiene nada que ver con el libro.

¿Por cierto, cuánto tiempo tenemos para esta entrevista?

Tenemos tiempo suficiente…

Perfecto, sigamos. ¿“Interruptus” fue planeado tal y como resultó finalmente?

Definí la estructura al final del proyecto pero varios textos los había escrito hace mucho, fui agregando otros que necesitaba y ya luego agregué elementos con los que siempre he trabajado pero que en este caso exageré. Siempre me interesó la rima, pero nunca hice toda una novela contando las sílabas y eso es casi maniático. Siempre conté historias sórdidas pero nunca tanto como acá. Siempre me ha interesado el lenguaje, he jugado con las palabras, he utilizado jergas pero nunca tantas como en este libro.

¿Por qué tiene ese gusto por el lenguaje tan coloquial?

Porque el libro habla de Lima, incluso cada mujer que aparece está vinculada a una calle, entonces me parecía que el libro tenía que ser escrito “en limeño”, así como Cabrera Infante escribía en “cubano”. Por otro lado la jerga ayudaba a la musicalidad. Además, como se habla de asuntos sucios, el lenguaje también tenía que ser sucio, y dado que el protagonista dice cosas que no debería confesar en público, intenta ocultarse con este lenguaje críptico. Y una razón adicional es que cualquier novela está llena de ripios, frases sencillas y simples que son inevitables y yo quería que incluso esas frases inevitables y sencillas sean originales.

¿No hay un riesgo en terminar siendo ininteligible? ¿Cuando escribe no piensa en el lector?

No. Me parece que la única forma de cumplir los objetivos trazados y ser honesto es no pensar en el lector.

¿Por qué una mujer editora? Estos personajes odiosos suelen ser asignados a hombres.

Porque en el libro se habla básicamente de mujeres y necesitaba el punto de vista de una mujer. Además, al ser un personaje que tiene una relación amorosa con el protagonista podía hacerle correcciones literarias y también entrometerse en su vida privada.

¿Esta editora recoge todas las críticas que le han hecho en el pasado?

Claro. He incorporado las críticas atendibles y también las críticas absurdas que me han hecho.

Hay otro elemento que también está presente en mucho de lo que escribe, el sexo. Leí que usted viene de una familia profundamente religiosa.

Mi familia es evangélica y sí, algo tendrá que ver. Tal vez he usado un canal socialmente lícito como es la literatura para hablar de estos temas. Mi familia era bastante fanática, fundamentalista, pero eso fue hace tiempo, ahora son mucho más abiertos a la discusión intelectual, en este momento mis padres son evangélicos bien open mind.

¿Es verdad que de niño vivió en un templo?

Lo que pasa es que en un mismo recinto había un templo pentecostal, al costado estaba el edificio donde vivían los pastores y atrás del templo había un albergue para estudiantes evangélicos. Durante un tiempo mi papá fue administrador de ese albergue y mi familia vivía en un departamento de ese edificio, un poco más y dormía en el templo.

¿Y por qué no fue al revés? ¿Por qué no se volvió un creyente fervoroso?

No lo sé. En algún momento me fue bien allí, como era hijo del pastor todo el mundo me prestaba más atenciones, pero siempre albergaba dudas con respecto a la doctrina y lo que hacía era seguir la corriente, pasar piola.

Usted tenía un blog muy visitado en su tiempo y en donde ahora sólo se lee: “Me largo, no sé si volveré, fue divertido mientras duró aunque no todos se hayan divertido tanto como yo”.

Eso iba dirigido a toda la gente que me criticaba. En esa época cualquier cosa que ponía en mi blog era motivo de crítica.

Pero algunas personas lo atacaban a usted directamente, lo insultaban.

Eso lo toleraba hasta cierto punto. Incluso tiempo después, cuando estaba escribiendo mi libro anterior, “Asociación ilícita”, estuve revisando ese blog y me tropecé con cosas desagradables, pero siempre he tenido correa, nunca me he tomado demasiado en serio esas cosas.

¿Cree que los escritores se toman muy en serio?

Sí, totalmente. Coincidentemente la literatura peruana tiene muy poco de humor, los escritores no aceptan la crítica, no aceptan nada.

¿Ahora se ha moderado?

No creo, lo que pasa es que ya no hago reseñas.

¿Y si volviese a hacerlas?

Las haría igual de duras, o peor.

Pero usted ahora escribe en Planeta. ¿Ha prevalecido más su obra que sus opiniones?

Seguramente.

¿Se siente cómodo ahora en una editorial grande?

Me siento cómodo en la medida en que ellos se ocupan de la promoción. En una editorial pequeña uno mismo tiene que promocionarse y ese es un trabajo indigno. Un escritor debería preocuparse sólo de mandar su manuscrito y comenzar otro y no tener que salir y sonreír, y tomarse un café con fulano y mengano, ni siquiera debería dar entrevistas, pero está en el contrato así que ni modo.


Leonardo Aguirre (Lima, 1975) estudió comunicaciones en la PUCP. Escribió reseñas y crónicas en el diario El Comercio, mantuvo una columna de opinión en el diario La República y una sección de crítica en la revista Dedomedio. Ha publicado las colecciones de relatos “Manual para cazar plumíferos”, y “La musa travestida”, las novelas “El conde de San Germán”, “Karaoke” e “Interruptus” y el volumen transgenérico “Asociación ilícita”.

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