LA CIENCIA Y EL AMOR

Por: josé prieto tueros / Columna: Querido Pilar

Un día encontré un comentario de Diana en un grupo de Facebook, uno que se llama Cinéfilos y algo más. Ella es amante del cine y la fotografía. No soy un cinéfilo, sea lo que sea que quieran que eso signifique. Me gusta el cine, pero no soy muy entendido del tema. De ningún tema, en realidad. El punto es que, entre uno de los tantos, un post en el grupo invitaba a los miembros a responder “¿Cuál es tu película preferida?”.

Me deben haber hecho esa pregunta muchísimas veces, pero ni idea de cuál era siempre mi respuesta. O, tal vez, nunca nadie me preguntó, pero seguro yo me autotesteaba.

Luego de leído el post, lo pensé por unos minutos y no tuve respuesta. Pero la primera película que me vino a la mente fue “Inteligencia artificial”. Ahí nos presentan un mundo futurista en el que los humanos han logrado crear robots humanoides con la capacidad de amar. David, el protagonista, es uno de ellos. Un trabajador de la fábrica de Davids lo adquiere para remplazar a su hijo que está en coma. Y cuando, después de un tiempo, el hijo se recupera, botan a David como si fuera un perro, literalmente: lo llevan en el carro hasta un bosque, lo invitan a bajar, baja, cierran la puerta y se largan. Así inicia la odisea de David, el robot que ama, cual perro a su amo.

Disfruté por primera vez de Inteligencia artificial cuando tenía diez años. Fue la primera vez que lloré al ver una película. Me cuestioné sobre la posibilidad de que algún día el ser humano fuera capaz de hacer algo así. No de botar como basura a quien en algún momento consideró parte de su familia, en eso ya hay muchísimos años de experiencia. Si no de crear una máquina con la capacidad de amar, cuando él mismo no es capaz de hacerlo a carta cabal.

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