¿LA VIDA EN ROSA?

Por: Beatriz García / Artículo

Ilustración:  Noelia A. Valdivia (www.instagram.com/novali8)

 

A pesar del aumento progresivo del número de mujeres envueltas en ciencia e ingeniería desde el siglo XX, aún existen barreras que no se han logrado cruzar. Llega un momento en la vida de toda mujer en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática) en la que se encuentra en una encrucijada donde siente que debe escoger la vida profesional o cumplir las expectativas que tiene la sociedad para ella: matrimonio e hijos.

Es un obstáculo que generalmente afecta a la población femenina y lo podemos ver reflejado en estadísticas. La Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos y el Instituto de Estadística de la UNESCO indican que a nivel mundial el 50% o más de los bachilleratos obtenidos en ciencia e ingeniería pertenecen a mujeres, sin embargo, actualmente menos del 30% de investigadores son mujeres.

Es muy importante entender por qué ocurre esto. Margaret Rossiter, historiadora de ciencia de la Universidad de Cornell, identifica 2 principales factores. El primero, la segregación jerárquica, expone que actualmente las mujeres no presentan altos niveles de participación en academia e industria. Es decir que, existe muy poca presencia femenina que pueda influir las decisiones tomadas por los altos rangos de poder y prestigio. Y el segundo factor, la segregación territorial, indica que las mujeres, a pesar de ser el 50% de la fuerza laboral, usualmente consiguen empleos en categorías “femeninas”.

En el año 2006, el 60% de mujeres blancas a nivel mundial trabajaban como enfermeras, trabajadoras de guardería o profesoras de escuela.
Entender las razones por las cuales se genera estas diferencias es clave para poder eliminarlas.

El primer cambio debe ocurrir en el hogar y los colegios. Las niñas y los niños deben ser considerados como iguales, con la misma capacidad y potencial de convertirse en grandes profesionales. Debemos apoyar la divulgación científica y crear nuevos programas enfocados a niñas y jóvenes para despertar el interés temprano por la ciencia. Además, debemos mejorar el ambiente de trabajo para las mujeres, donde no se sientan inferiores y no sean tratadas condescendientemente.

Y, sobretodo, debemos aumentar las oportunidades y los empleos, eliminando las diferencias de salarios entre hombres y mujeres.

Tal vez, con todos estos esfuerzos, tendremos nuevas generaciones llenas de científicos e investigadores, que tendrán las herramientas y el conocimiento para mejorar el país y el mundo.


Beatriz García (1995) estudió primaria y secundaria en la ciudad de Cusco y se mudó a Lima para estudiar biología en la Universidad Peruana Cayetano Heredia de donde se graduó en 2017. Durante su carrera Beatriz contó con diferentes experiencias de investigación en el Perú y en el exterior. Actualmente trabaja como asociada en investigación en el departamento de Genética del Desarrollo de la Universidad de Nueva York.

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