Carta de un joven García Márquez a su editor en Buenos Aires

Gabriel García Márquez, dos años antes de que el mundo entero conociera a Gabriel García Márquez, le escribió una carta a Francisco Porrúa en la Argentina: “Le ruego ayudarme en mi viejo deseo de centralizar toda mi obra en una sola editorial”.

Era octubre de 1965, The Beatles eran consagrados con la orden de Miembro del Imperio Británico por la reina Isabel II y Gabriel García Márquez era un escritor de 38 años que no sintonizaba con el público: “Ignoro por qué motivos el libro ha sido distribuido en una forma poco dinámica”, ni conseguía las mejores propuestas para su obra: “Si usted le ve alguna probabilidad le ruego hacerles alguna oferta”. Y así, le ponía fervor a sus pedidos. En aquel entonces, Gabriel García Márquez tenía escritas tres novelas y cuentos que ahora son referentes en América Latina: «La hojarasca», «El coronel no tiene quien le escriba», «La mala hora» y «Los funerales de la Mamá Grande»; sin embargo, tampoco era un habitué en los eventos literarios: “Un viaje podría distraerme demasiado de mi trabajo, pero le aseguro que correré el riesgo si me invitan a participar en este simposio”. Hasta penita dan las palabras de este titán.

Faltaban dos años para 1967, en que se publicaría su gran monumento; aunque advierte: “Cien años de soledad. Es una novela muy larga y muy compleja en la cual tengo fincadas mis mejores ilusiones”… Si bien esta proyección es solo la punta del iceberg: “A pesar de las dificultades con que trabajo en este libro que he planeado durante 15 años, estoy haciendo esfuerzos para terminarlo”. ¿Le llegó la crisis de los cuarenta a Gabriel García Márquez? Seguro que sí, y le hizo frente empeñándose; o eso pretendía su tenacidad: “Una vez terminado Cien años de soledad, empezaré a trabajar en El otoño del patriarca, que será una novela de 200 cuartillas”. Una obra maestra tras otra.

Antes de despedirse “Cordialmente suyo”, Gabriel García Márquez desliza una confesión de narrador joven-viejo-novel-curtido: “Después de cinco años de una esterilidad absoluta he logrado escribir de nuevo con una fluidez que no quiero desaprovechar”. Hambriento de gloria, necesitado de tanto, franco en octubre de 1965, es una persona que se aferra a su intensidad; humanísimo ante una grandeza que todavía no vislumbra en su literatura.


 

Texto y documentos gracias a Juan Manuel Chávez.

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