EL CONSTANTE INICIO

Por: Pamela Huerta Bustamante / Artículo

Ilustración: Noelia A. Valdivia (novali8 – /novali8)

 

Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó,
que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque,
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo. Tal vez
mañana empieces de nuevo.
Y el sudor, el frío,
los detectives erráticos,
sean como un sueño.
No te desanimes.
Ahora tiemblas, pero tal vez
mañana todo empiece de nuevo.

Este poema de Roberto Bolaño describe la dicotomía de volver a empezar en toda su magnificencia. Ese ida y vuelta entre el miedo y el anhelo de una nueva oportunidad. Esa apuesta, como él mismo describe, de vida o muerte.

Bolaño hace esa apuesta en serio cuando se inicia como escritor haciendo poesía. Nunca se sintió poeta. Era más bien prosaico y cotidiano. Ahora, leer su poesía es más bien un acto necesario para comprenderlo como autor. Como particular individuo. Como aquel inocente amante de lo delictuoso.
Como digo líneas arriba, Bolaño emprende su camino haciendo poesía. Poesía que más bien era un esbozo de sus historias. Algunos de sus poemas parecen crónicas. Lupe. Narraciones muy bien escritas en versos extraños. Los detectives. O simplemente desahogos. Autorretrato a los veinte años.

Roberto es un escritor que tuvo que empezar de nuevo en muchas ocasiones. Su historia errante desde muy corta edad. Sus países. Su patria. Un sudaca en el mundo y en su mundo. Un niño que siempre quiso ser escritor. Un hombre que admiraba y destruía la poesía. Un infrarrealista y más.

El infrarrealismo también fue un nuevo comienzo para Bolaño, y hasta dos. Pues primero está el joven Bolaño fundando un movimiento en México. Un movimiento que, según Rubén Medina —infrarrealista también—, es una condición y un callejón sin salida, una forma de ser escritor. Sin embargo, ya con un Bolaño adulto en 1998, el infrarrealismo renace con Los detectives salvajes y los real visceralitas.

Juan Villoro escribe: “Yo creo que el infrarrealismo ni siquiera llegó a ser censurado. Fue ninguneado totalmente. […] La sociedad mexicana tuvo durante todo el siglo XX una estructura piramidal donde buena parte de la cultura se hacía por canales oficiales.” Y agrega que aquella estructura fue el maleficio de ciertas vanguardias más radicales, como el infrarrealismo.

Existen también otras descripciones menos justas sobre el infrarrealismo. En estas los menosprecian de pandilleros para abajo, como Jorge Volpi. Y claro, irrumpir una presentación de Octavio Paz en el Palacio de Bellas Artes en México puede sonar a sacrilegio. Pero, retomando la idea de un nuevo comienzo, podemos decir que los infrarrealistas ponían sobre la mesa la necesidad de una autocrítica al sistema editorial que imperaba. O, ya sin querer forzar una salida, simplemente alimentaban la futura obra de Bolaño.

Los nuevos comienzos para Bolaño son una constante, y contarlo en torno a esta idea resulta incansable. Chile, México, España, enfermarse por leer, abandonar la universidad, formar un movimiento, Nicanor Parra, dedicarse a escribir, enamorarse, problemas económicos, su primer hijo, los juegos de mesa, el café con leche, sus libros, su segunda hija, su enfermedad, 2666… y su muerte, si queremos verlo así.

La vida, y no solo la de Bolaño, está impregnada de nuevos comienzos. La timidez o rudeza con la que la enfrentamos describe así una historia diferente. Un punto seguido o aparte. Bolaño es un tipo que escribía por necesidades. Y escribir para él era su manera de actuar, así fuese un sedentario por excelencia.

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